Camilo Sánchez, presidente de Andesco
Tomado de Portafolio
Ante las horas más oscuras de la Segunda Guerra Mundial, Churchill dijo al pueblo británico que la victoria solo se lograría con el esfuerzo conjunto, sabiendo que les costaría sangre, sudor y lágrimas.
Infortunadamente, nuestro país tuvo que vivir los pasados cuatro años más oscuros de su historia por escándalos de corrupción, populismo, gasto desaforado y un asistencialismo insostenible que obligó al actual Gobierno a tomar decisiones mucho más fuertes de las expuestas en campaña; la situación fiscal recibida fue absolutamente peor de lo que se creía, dejando claro por qué el Gobierno Petro no quiso hacer el empalme.
Una vez presentada la ley de Rescate Económico, indigna la desfachatez de los exfuncionarios y líderes que fueron responsables de la actual situación y que sin vergüenza quieren hoy, con discursos altisonantes e incendiarios, invitar a protestar contra el presidente De La Espriella, quien transparentemente está abriendo la discusión ante la opinión pública y el Congreso sobre las cuentas nacionales para buscar soluciones de fondo ante el caos heredado.
Es importante aprovechar el ambiente esperanzador y de confianza que se vive después del siete de agosto para reactivar la economía. La lucha contra la corrupción y los grupos insurgentes está generando sus frutos. Igualmente, se observan los primeros efectos de racionalidad económica que se consolidarán al aprobarse la reforma que reducirá el tamaño del Estado, disminuyendo el gasto desaforado e improductivo y que pone fin a los contratos militantes. Estos temas, entre muchos más, los analizaremos detalladamente en próximas columnas, mostrando lo bueno y lo malo de esta ley absolutamente necesaria.
Además, sin ser asunto menor, se ha devuelto la majestad de la Presidencia de la República, convertida antes en hazmerreír; qué bueno volver a ver trabajar a los ministros, gobernadores, alcaldes, empresarios, gremios y ciudadanía desde las regiones, de manera seria, técnica y articulada.
Siempre habrá críticas y ningún Gobierno podrá ser monedita de oro; tendrán aciertos y errores, pero lo importante es que las decisiones sean responsables técnicamente.
Durante la actual propuesta algunos querrán extender los beneficios sociales, otros exigirán reducciones de gastos, unos más entenderán que hay que privilegiar el pago de la deuda, el aumento de la inversión pública o la baja de las tasas de interés, todas ellas recetas válidas. El reto del Gobierno será afrontar la problemática a partir de información técnica y veraz, logrando el mayor equilibrio posible y generando consensos.
La responsabilidad de todos será poner nuestro granito de sacrificio, sin dejar de levantar la voz contra los responsables de los desmanes, quienes hoy quieren pasar de agache incendiando y echando culpas a otros para evitar asumir sus responsabilidades. No más «tapen, tapen», quedó claro que tras de ladrones, bufones.
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