Camilo Sánchez, presidente de Andesco
Tomado de Portafolio
Al terminar la primera vuelta presidencial, en toda Colombia volvió a sentirse una bocanada de aire fresco, conociéndose en tiempo récord los resultados electorales donde el candidato Abelardo de la Espriella le ganó por 693.188 votos al candidato del Gobierno, Iván Cepeda.
Nuevamente se respira esperanza y fe viendo cómo el pueblo silenciosa y voluntariamente, con contundencia, dijo al mundo que todos los colombianos merecemos mucho más, y que no queremos más promesas y mentiras sino resultados sostenibles económicamente en el tiempo.
Nos cansamos de la generalizada corrupción reinante, nepotismo, inseguridad, incompetencia y asistencialismo, por lo que necesitamos un presidente que ejerza el poder con firmeza, recupere la fuerza pública y la seguridad, y consolide las relaciones internacionales con nuestros más importantes socios comerciales. Todo esto con ética y técnica respetando nuestra constitución y leyes para recuperar el rumbo que jamás debimos perder por simple ideología.
En definitiva, hubo una respuesta clamorosa en contra del caos y desgobierno que tanto mortifica al ciudadano.
Como en la campaña comunera, pero esta vez soportados en la gigantesca y espontánea votación, se sintió el rugir estruendoso de “abajo el mal Gobierno», parafraseando las arengas de Manuela Beltrán. El pueblo descontento le mostró al Gobierno cómo se debe hacer política, respetando a los adversarios, sin amenazas y cumpliendo las normas.
La ciudadanía está comprometida con la defensa de la democracia y la separación de los poderes públicos como contrapeso de los gobiernos de turno.
La tarea del nuevo Gobierno será muy dura, donde todos tendremos que poner nuestra cuota de sacrificio, esfuerzo, sudor y lágrimas, y lo haremos con responsabilidad y entereza. Lo que está en juego es salvaguardar la democracia y recuperar la senda de crecimiento social y económico.
Triste y peligroso que el presidente de la República, en cambio de mostrar mesura y dar ejemplo, puso irresponsablemente en tela de juicio las elecciones que han sido una muestra de transparencia, tal como lo han ratificado los veedores internacionales y cada testigo electoral. Igualmente penoso que su actuar sea errático, amenazante y continúe violando la ley y Constitución con la participación política descarada de él y sus ministros, que nos deja claro su talante y el de su candidato.
No podemos permitir llamados a desconocer resultados, ni a la violencia y, mucho menos, que los delincuentes sigan constriñendo a los electores en las zonas abandonadas por el Gobierno.
Los empresarios, emprendedores, académicos, estudiantes, campesinos, trabajadores y demás ciudadanos estamos listos a defender la propiedad e inversión privada al igual que nuestra democracia, sin dejarnos amedrentar nunca más.
El 21 de junio votaremos masivamente para consolidar la gran revolución pacífica y poder rugir a todo pulmón: «Cesó la horrible noche».
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